Me escribió hace unas semanas una responsable de marketing de una empresa de software con una frase que resume el 80% de los problemas que veo: «Contratamos a alguien, nos enseñó un portfolio precioso y lo que nos entregó no se parecía en nada». Llevaban cuatro meses de proyecto, 3.200 euros gastados y ni un solo vídeo publicado.
¿Dónde falló? No en el talento de quien montó la pieza. Falló en la conversación previa. En las doce o quince preguntas que nadie hizo porque todo el mundo tenía prisa por empezar.
Qué preguntar a un editor de vídeo antes de contratarlo: cuánto material bruto necesita, cómo trabaja el audio, qué parte hizo él en cada pieza de su portfolio, cuántas rondas de cambios incluye, desde cuándo cuentan los plazos, quién licencia la música y si entrega los archivos fuente editables.
Llevo siete años montando piezas corporativas, reels y episodios de podcast dentro del equipo que lleva el servicio de postproducción de vídeo en CilverStudio, y he estado a ambos lados de esa llamada: como profesional a quien evalúan y como parte del equipo que evalúa a colaboradores externos. Lo que sigue es lo que he aprendido viendo fracasar contrataciones que sobre el papel tenían todo a favor.
El error de abrir la conversación hablando de precio
«¿Cuánto me cobras por un vídeo de dos minutos?» Esa es la primera pregunta en nueve de cada diez emails que recibo. Y es la peor forma posible de empezar.
Una misma pieza de dos minutos puede multiplicar su coste por diez sin que cambie ni una coma del encargo. La diferencia no está en el margen de beneficio, está en si hay 20 minutos de material bruto o cinco horas, si hay que sincronizar tres cámaras o una, si el sonido viene limpio de una grabadora externa o hay que rescatarlo del micro interno de un móvil. Cuando alguien te da un precio cerrado sin haber preguntado nada de esto, no está siendo eficiente: está improvisando. Y ese número improvisado se corregirá más adelante, normalmente en forma de recortes silenciosos en la calidad.
¿Cuánto cobra entonces un profesional del sector? No hay una cifra que sirva de referencia, y conviene que lo sepas antes de comparar presupuestos. En las comunidades donde realmente se mueve esta contratación (foros y subreddits, mucho más que los portales de empleo clásicos) circulan desde encargos de canal con retribución continua en torno a los mil dólares mensuales hasta trabajos sueltos sin baremo alguno. Los propios profesionales reconocen no tener referencias claras de precio, y a eso se suma un problema del gremio: quien se infravalora tensiona el mercado entero.
Mi recomendación práctica: no pidas un precio, pide un presupuesto condicionado. «Dime qué necesitas saber de mi proyecto para darme una cifra» te dice más del candidato en treinta segundos que cualquier tarifa.
«Enséñame tu portfolio»: la petición que no filtra a nadie
Todos tenemos un portfolio. El mío también está maquillado, y te digo por qué: ahí dentro solo hay piezas donde el cliente tenía buen material, presupuesto razonable y criterio. No vas a encontrar el proyecto de 2021 que me costó tres semanas de infierno porque el brief cambió cuatro veces (nadie sube su peor semana al portfolio, yo tampoco).
Mira, lo que pasa es que esa carpeta de maravillas responde a la pregunta equivocada. Te dice de qué es capaz esa persona en su mejor día. No te dice nada sobre cómo se comporta en el peor.
Y hay un segundo problema, más silencioso: lo que ves ahí no demuestra autoría. Volveré sobre esto más abajo, porque es donde se rompen la mayoría de las expectativas.
Lo que sí deberías pedir en lugar de eso
Pide ver un proyecto que se pareciera al tuyo en condiciones, no en resultado. Si vas a grabar entrevistas con un iPhone en una oficina con ventanas, pide un caso con ese material de partida. Hace dos meses un cliente me pidió exactamente eso y le enseñé una pieza bastante fea visualmente, pero con el sonido salvado de una grabación horrible. Me contrató por ese vídeo, no por los bonitos.
Por qué la prueba gratuita casi nunca sirve para decidir
¿Te suena esto? «Mándame 30 segundos de prueba y si nos gusta, seguimos». Suena razonable. Es una trampa para ambas partes.
¿Es recomendable pedir una prueba gratuita? No, y la razón es técnica antes que ética: treinta segundos los resuelve bien cualquiera con dos años de oficio. El problema de una pieza larga no es el corte bonito, es sostener el ritmo durante doce minutos sin que el espectador se caiga. En una pieza corporativa de 2023 probé tres estructuras distintas antes de encontrar la que mantenía la retención por encima del 60% en el minuto cuatro. Eso no se ve en una prueba.
Y hay un sesgo peor: quien acepta trabajar gratis suele ser quien menos demanda tiene. Estás filtrando al revés.
La alternativa que sí funciona: la prueba de pago acotada
Encarga una pieza pequeña y real, pagada a tarifa normal, con alcance cerrado por escrito. Un reel de 45 segundos extraído del material que ya tienes, o la limpieza de audio de una entrevista de diez minutos. Cuesta poco, es trabajo aprovechable aunque no sigáis adelante y te deja ver lo único que importa: cómo pregunta, cómo avisa de los problemas y cómo entrega. Yo he aceptado y rechazado proyectos grandes a partir de encargos de este tipo, en ambas direcciones.
La trampa de no preguntar quién hizo realmente cada pieza
Esta es la pregunta más incómoda y la más rentable. «En este vídeo concreto, ¿qué parte hiciste tú?».
En el sector audiovisual es normal que una pieza pase por cuatro manos: alguien corta, otra persona etaloniza, otra mezcla el sonido, otra se encarga de los grafismos. Todos tienen derecho a enseñarla. Pero si contratas a quien hizo el motion graphics pensando que construyó la narrativa, vas a llevarte una sorpresa.
Yo lo digo siempre sin que me lo pregunten: en tal pieza hice la edición y los subtítulos, el color lo llevó un compañero. No me resta trabajo, me ahorra malentendidos. Cuando el profesional se pone nervioso con esta pregunta o responde en plural difuso («lo llevamos nosotros»), ahí hay algo que investigar.
Cuando una pieza la firma un equipo y no una persona, el reparto de tareas cambia por completo quién responde de qué si algo falla a mitad de proyecto; en nuestro análisis sobre si conviene un editor de vídeo freelance o agencia desglosamos cómo se reparte esa responsabilidad según el tipo de proveedor y qué implica para tus plazos.

Lo que nadie aclara sobre plazos, rondas de cambios y archivos fuente
Aquí está el quid de casi todos los conflictos que he visto. Cuatro puntos que se dan por supuestos y nunca significan lo mismo para las dos partes.
Plazos: ¿desde cuándo cuentan los días?
«Diez días laborables» puede empezar el día que firmas o el día que llega el último archivo de material bruto. Si grabas el 3, mandas el material el 11 porque se te olvidó, y esperas la entrega el 17, vas a tener un problema. Yo cuento desde que recibo todo: material completo, guion si lo hay, logotipos en vectorial y la música con su licencia.
El brief: qué debe incluir antes de que nadie toque el material
¿Qué debe incluir un brief para un editor? Como mínimo, cinco cosas concretas, y ninguna es «que quede chulo». Si las tienes escritas, te ahorras la mitad de las rondas de cambios:
- Dónde se publica y en qué formato: no es lo mismo vertical para redes que horizontal para la web corporativa.
- Duración objetivo y, si la hay, duración máxima innegociable.
- Tres referencias concretas, con enlace, y qué te gusta exactamente de cada una.
- Quién valida y en cuántos días: una sola persona con capacidad de decidir.
- Mensaje principal en una frase, y qué se puede cortar si hay que recortar.
Rondas de cambios: cuántas y qué cuenta como cambio
Dos rondas es el estándar razonable. Pero «cambio» tiene que estar definido. Mover un corte tres fotogramas es un ajuste. Pedir que se reestructure el orden de los bloques narrativos es rehacer la pieza entera. En un proyecto de 2022 asumí que íbamos por la ronda dos y el cliente iba por la cuarta versión conceptual (sí, lo conté mal; de ahí viene la factura que no llegué a cobrar). Acabé trabajando 14 horas gratis porque el contrato no distinguía ambas cosas. No volvió a pasarme.
Archivos fuente: la pregunta que casi nadie hace
¿Te entregan solo el MP4 final o también el proyecto editable? Si mañana quieres cambiar un dato en pantalla y el profesional ya no está disponible, sin el proyecto fuente tienes que rehacerlo desde cero. Muchos lo entregan solo con sobrecoste, y es legítimo, pero tienes que saberlo antes, no cuando lo necesites.
- Proyecto editable (.prproj, .drp) con medios vinculados
- Archivos de subtítulos independientes en .srt
- Master sin rotulación, por si hay versiones en otros idiomas
- Material bruto devuelto o confirmación de que se conserva, y durante cuánto tiempo
Señales de alarma que aparecen en la primera videollamada
¿Cómo saber si un editor es bueno antes de haber visto ni un fotograma suyo? Por las preguntas que hace y por lo que advierte sin que se lo pidas. Quien domina el oficio te pregunta dónde se publica, te avisa de lo que no se puede salvar y te da un plazo condicionado; quien no, dice que sí a todo. Estas son las señales que más me han avisado a mí, trabajando con subcontratas:
- No pregunta dónde se va a publicar el vídeo. Una pieza para LinkedIn y otra para YouTube no se construyen igual: cambian el ritmo, el primer segundo y hasta el tratamiento del sonido.
- Dice que sí a todo. Si pides doce minutos de documental con 40 minutos de material bruto y nadie te advierte, es que no ha calculado nada.
- Habla solo de software. Dominar DaVinci no es un argumento; es el mínimo.
- No menciona el audio en ningún momento. Buena parte de la calidad que el espectador percibe en una pieza corporativa se decide en el sonido, y quien no lo nombra probablemente no lo trabaja.
- Promete entregas irrealmente rápidas. Ocho minutos con color y mezcla no salen en 48 horas haciéndolo bien.
- No pregunta quién valida. Sin un único interlocutor, las rondas se multiplican y lo sabe cualquiera que haya pasado por ahí.
¿Es infalible esta lista? Para nada. He conocido profesionales buenísimos que en la primera llamada parecían un desastre comunicativo. Pero si aparecen tres o más de estas señales juntas, el riesgo sube bastante.

Las ocho preguntas que sí revelan a un buen profesional
Vamos a lo concreto. Estas son las que yo usaría, en este orden, y lo que busco escuchar en cada una.
- ¿Cuánto material bruto necesitas para esta duración final? Descarta a quien no pregunte de vuelta qué tipo de contenido es.
- ¿Cómo trabajas el audio? Descarta a quien responda hablando solo de música.
- ¿Qué haces si el material que te mando es peor de lo esperado? Descarta a quien prometa arreglarlo todo.
- ¿Cuántas versiones entregas y con qué criterio? Descarta a quien no ofrezca un corte de estructura antes del color.
- ¿Quién consigue la música y a nombre de quién está la licencia? Descarta a quien no sepa contestarlo.
- ¿Qué pasa si el proyecto se retrasa por mi lado? Descarta a quien responda «ya lo vemos».
- ¿Trabajas solo o con equipo, y quién toca mi material? Descarta la respuesta difusa, no la respuesta en plural.
- ¿Qué proyecto tuyo salió mal y por qué? Descarta a quien no tenga ninguno.
1. ¿Cuánto material bruto necesitas recibir para esta duración final?
Un ratio sano para corporativo ronda el 8:1 o 10:1. Si alguien te dice que con el doble de la duración final le basta, o no ha hecho piezas así o va a entregarte el primer corte disponible. La respuesta buena incluye una pregunta de vuelta: ¿qué tipo de contenido es?
2. ¿Cómo trabajas el audio?
Busco oír palabras concretas: limpieza de ruido, normalización a niveles de plataforma (en torno a -14 LUFS para redes, -16 para algunos reproductores), ducking de música bajo la voz. Quien contesta «le pongo música chula» está describiendo otra profesión.
3. ¿Qué haces si el material que te mando es peor de lo esperado?
Esta es mi favorita. La respuesta honesta es «te aviso antes de empezar y te digo qué se puede salvar y qué no». La respuesta mala es «no te preocupes, lo arreglo». Un plano desenfocado sigue desenfocado en 2025.
4. ¿Cuántas versiones entregas y con qué criterio?
Más allá del número, lo importante es si hay un primer corte de estructura antes de aplicar color y grafismos. Revisar la narrativa cuando ya está todo rotulado multiplica el coste de cualquier cambio por tres o cuatro.
5. ¿Quién consigue la música y cómo se licencia?
Un proyecto corporativo con música sin licencia comercial es una reclamación esperando a pasar. Pregunta si usan bibliotecas con licencia (Artlist, Epidemic) y a nombre de quién está la suscripción. Si el proveedor desaparece, la licencia puede desaparecer con él.
6. ¿Qué pasa si el proyecto se retrasa por mi lado?
Ningún calendario sobrevive a un cliente que tarda nueve días en validar. Un buen profesional tiene esto previsto: congela el hueco un tiempo determinado y luego reprograma. Quien dice «ya lo vemos» te va a dejar tirado en temporada alta.
7. ¿Trabajas solo o con equipo, y quién toca mi material?
No hay respuesta correcta. Hay respuesta clara o difusa. Si delega el color o los subtítulos, quiero saberlo y quiero saber quién revisa el conjunto antes de entregar.
8. ¿Qué proyecto de los tuyos salió mal y por qué?
Suena agresiva pero es la más reveladora de las ocho. Quien lleva años trabajando tiene al menos dos desastres memorables y los cuenta sin problema. Quien nunca ha tenido ninguno, o lleva poco tiempo, o no está siendo sincero.

Cómo cerrar el acuerdo sin sorpresas a mitad del proyecto
Si has llegado hasta aquí con un candidato que ha respondido bien, queda la parte aburrida. Y es la que te salva.
Pide un presupuesto escrito que incluya, como mínimo: duración final aproximada, cantidad de material bruto contemplado, número de rondas, qué cuenta como ronda, entregables exactos con formatos, plazo con fecha de inicio condicionada a la recepción de material, y precio de las horas extra si se sale del alcance. Son siete líneas. Si alguien se resiste a ponerlas por escrito, ya tienes tu respuesta.
¿Y si lo hago yo y me ahorro el gasto?
Es una opción legítima y para algunos formatos la recomiendo. Pero haz la cuenta entera: una pieza corporativa de cinco minutos bien resuelta son entre ocho y doce horas de trabajo si ya sabes hacerlo, y bastantes más si estás aprendiendo. Lo que de verdad compras al delegar no son esas horas, es la frecuencia: un profesional sostiene el calendario de publicación mes tras mes, y esa constancia es la que acaba construyendo la percepción de autoridad de tu marca. Editar tú el primero es barato; editar tú el duodécimo es como no publicarlo.
Total, que el filtro real no está en el talento visible, está en la claridad con la que alguien es capaz de describir su propio proceso. El coste de aclarar las cosas al principio es ridículo comparado con el de discutirlas en la semana tres, y por eso en nuestra productora audiovisual mandamos este desglose antes de emitir la primera factura siempre, incluso en los encargos más pequeños, aunque implique dedicar una hora a un proyecto que todavía no está cerrado.
Y una última cosa, por honestidad: ninguna conversación previa garantiza nada. He acertado con gente que respondió regular y me he equivocado con quien lo bordó en la llamada. Lo que estas preguntas te dan no es certeza, es que cuando algo se tuerza, ambos sepáis exactamente qué se había acordado. Eso ya es bastante más de lo que tenía aquella responsable de marketing cuatro meses y 3.200 euros después.


